El presidente de Irán, Masud Pezeshkián, afirmó esta jornada que su país no quiere una bomba atómica y que la posibilidad de fabricarla fue declarada ilegal por el fallecido líder supremo, Alí Jameneí.
"En lo absoluto. En absoluto. Nuestro estimado líder supremo [Alí Jameneí] , ya mártir, anunció en varias ocasiones —basándose en un decreto religioso— que poseer armas de destrucción masiva es un acto impío, es algo ilícito desde el punto de vista religioso. ¿Por qué habríamos de hacerlo? ¿Acaso pretendemos ocultarlo?", sostuvo el mandatario en una entrevista con Fox News, al ser preguntado sobre el tema.
En ese espíritu, afirmó que Teherán está dispuesto a dilucidar cualquier duda que exista al respecto por medio de nuevas inspecciones y que no pretende ocultar nada relativo a su programa nuclear, pero que ha sido la actitud de Washington –que estimó inadecuada para lo que exige el escenario internacional– la que ha impedido que se aclare el punto.
"Hemos dicho que estamos dispuestos a diluirlo –el uranio enriquecido–. No es ningún problema. Estamos dispuestos a someternos a procesos de verificación. El problema es que EE.UU., en lugar de optar por el diálogo, decide pasar a la acción bombardeándonos primero y bloqueando todas las vías posibles. Nosotros estamos preparados. Esa no es la forma de conducirse en el escenario mundial", dijo al respecto.
En línea similar, al ser preguntado directamente sobre si la República Islámica renunciaría a su uranio enriquecido al 60 %, Pezeshkian fue enfático: "Sí. En el marco del derecho internacional y basándonos en el Tratado de No Proliferación —o en cualquier norma a la que debamos atenernos—, cumpliremos con lo establecido".
- El presidente estadounidense, Donald Trump, ha asegurado en múltiples ocasiones –la más reciente de ellas el martes, ante la Asamblea General de la ONU–, que decidió atacar militarmente al país persa porque, de lo contrario, este se habría hecho con un arma nuclear.
- A contrapelo de esos señalamientos, Irán ha defendido tanto el carácter pacífico de su programa nuclear como el derecho soberano que le asiste para desarrollarlo sin injerencias de ningún tipo y en apego a lo consagrado en la legislación internacional sobre la materia.


