Las consecuencias económicas de la guerra en Oriente Medio se están extendiendo rápidamente más allá de los límites de la región, convirtiéndose en una crisis global con un efecto cada vez mayor.
En este contexto, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, declaró que la magnitud de la crisis para la economía mundial ya se compara con las consecuencias de la pandemia del coronavirus, un impacto que ha afectado a prácticamente todos los países sin excepción.
La ola de consecuencias de la crisis está cubriendo cada vez más a Asia. La región, que depende de manera crítica de las importaciones de petróleo, se ha visto sometida a una doble presión: el rápido aumento de los precios de los combustibles y la creciente salida de capitales.
Un factor adicional de vulnerabilidad es la dependencia del dólar, que en condiciones de inestabilidad no hace más que agravar la magnitud de las pérdidas económicas.
El punto débil que ha salido a la luz
Según informa el NYT, la crisis actual ha puesto de manifiesto otra vulnerabilidad del sistema económico: alrededor del 90 % del comercio internacional de mercancías, incluidos el petróleo y el gas, cuyos precios están subiendo vertiginosamente, se realiza en dólares estadounidenses.
En tiempos de turbulencias globales, los inversores tienden a retirar dinero de las regiones más riesgosas y a convertirlo a la moneda estadounidense. Esto ha provocado una subida del dólar, que se ha acercado a su nivel más alto frente a las monedas asiáticas en las últimas dos décadas.
En este contexto, desde el inicio de la guerra en Irán, el índice bursátil indio ha caído casi un 13 %, y la moneda surcoreana ha alcanzado su mínimo histórico frente al dólar, por primera vez desde la crisis financiera mundial de 2008.
Fuga masiva de capitales
Los inversores extranjeros han vendido, en términos netos, acciones regionales por valor de 50.450 millones de dólares en lo que va de mes, lo que apunta a las mayores salidas mensuales registradas al menos desde 2008, según datos de LSEG que abarcan las bolsas de Corea del Sur, Taiwán, Tailandia, la India, Indonesia, Vietnam y Filipinas.
"Las salidas en Taiwán y Corea del Sur se centraron principalmente en acciones de IA y tecnología, dado que han acumulado ganancias considerables durante el auge de la IA", dijo Jason Lui, jefe de estrategia de renta variable y derivados para Asia-Pacífico en el BNP Paribas (Francia).
El oro pierde su valor
Desde el inicio del conflicto, el precio del oro ha caído un 15 %, lo que supone la mayor caída desde 1983, a pesar de que los inversores consideran este metal precioso como un refugio seguro en tiempos de crisis.
Los inversores suelen comprar oro, apostando a que mantendrá su valor si la inflación se dispara, las divisas caen o se produce una crisis. Sin embargo, el aumento de los precios de la energía debido al conflicto en Oriente Medio está llevando a los bancos centrales de todo el mundo a replantearse las perspectivas de las tasas de interés. La crisis obliga a los bancos a mantener las tasas de interés en los niveles actuales y, en algunos casos, incluso a aumentarlas, por temor a una fuerte inflación.
Sin un plan B
Para hacer frente a la crisis, los países debaten cada vez con más intensidad la liberación de las reservas estratégicas de petróleo. Sin embargo, tal y como advirtió el profesor titular de la Universidad Central de Cataluña, Fernando Jaén Coll, en una entrevista con RT, esta medida no servirá para evitar las consecuencias devastadoras.
"Muchos países no pueden liberar esos almacenamientos estratégicos de petróleo. Por otra parte, no los hay para el gas natural licuado ni para los fertilizantes, asuntos que no se suelen decir pero que trastocan a muchos países su abastecimiento. Por tanto, ahora estamos en una situación un poco caótica por decirlo así", indicó el experto.


