El desarrollo de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha desplazado el eje del interés militar estadounidense: de estar concentrado en el Indo-Pacífico, Washington ha redirigido sus recursos hacia Oriente Medio. Este giro podría colocar a China en una posición privilegiada.
Según un análisis de especialistas recogido por The New York Times, el cambio en la atención de EE.UU. podría debilitar su influencia en el Pacífico. Japón y Taiwán, por ejemplo, enfrentan demoras en la entrega de armamento. Mandos militares reconocieron su preocupación por la disminución del arsenal y los desvíos que perjudican a varios países.
Otro de los afectados es Corea del Sur: sistemas de defensa aérea THAAD, fueron reubicados desde su territorio hacia Oriente Medio debido al conflicto con Irán. "Retirar las defensas aéreas de Corea envía una señal terrible", afirmó Ely Ratner, exsubsecretario de Defensa para asuntos de seguridad del Indo-Pacífico durante la presidencia de Joe Biden. Ratner advirtió además sobre las "grandes preocupaciones" en Seúl respecto al "compromiso vacilante de la Administración Trump en Asia".
El sistema THAAD fue desplegado en Corea del Sur en 2017, una decisión que Pekín respondió con boicots a los productos surcoreanos y restricciones turísticas, al argumentar que el armamento de defensa amenazaba la seguridad china.

Problemas con la dependencia del armamento estadounidense
El traslado de material bélico desde distintos países hacia Oriente Medio ha evidenciado las falencias de la maquinaria militar estadounidense. Para algunas naciones, el inicio de la ofensiva contra Teherán encendió una alerta: el armamento ya comprado enfrenta demoras en su entrega.
Según el Gobierno japonés, 118 pedidos de armas por un valor aproximado de 7.200 millones de dólares no habían sido entregados al menos cinco años después de la firma de los contratos.
En Taiwán también temen que la falta de armamento los deje en una situación de debilidad y dificulte el aumento de su presupuesto para compras a EE.UU. "Inevitablemente afectará los envíos", expresó Shu Hsiao-huang, del Instituto de Investigación para la Defensa y la Seguridad Nacional, respaldado por el Ministerio de Defensa taiwanés. Reconoció además que ya han "experimentado demoras".
Pese a esta situación, la isla podría recibir un paquete de armas por unos 14.000 millones de dólares, que incluye misiles interceptores avanzados, aunque el envío aún debe ser aprobado por Trump.
Ante este panorama, varios países apuntan a fortalecer su propia producción militar. Japón desarrolla sistemas de misiles de largo alcance, mientras que Corea del Sur obtuvo en octubre pasado la autorización de Washington para construir sus primeros submarinos de ataque con propulsión nuclear. "Si dependemos de otros, hay momentos en que esa dependencia puede colapsar", reconoció el presidente surcoreano, Lee Jae-myung.
Consultado sobre estas preocupaciones de los países aliados, el Pentágono respondió con un escueto correo electrónico: "No tenemos nada que ofrecer".
Una influencia mayor
El análisis también apunta a cómo los problemas energéticos derivados del conflicto perjudican a los países de Asia, donde los mercados caen y algunos aliados de EE.UU., como Filipinas, sufren racionamiento de combustible. En este contexto, China puede posicionarse como la única superpotencia confiable.
La preocupación de diplomáticos de la región, según The New York Times, es que China encuentre terreno fértil para afianzar su influencia y extender sus posturas más allá de las tensiones en las que está involucrada.
Japón, por su parte, se encuentra en una situación particularmente delicada, ya que está cerca de Taiwán, ocupa islas que China también reclama y más del 90 % del petróleo que consume pasa por el estrecho de Ormuz. Una eventual crisis combinada, económica y militar, sería —en palabras de Tsuneo Watanabe, investigador principal de la Fundación Sasakawa para la Paz en Tokio— "una pesadilla".



